Pueblos originarios. Derechos y territorios siguen irrespetados

Por Vatican News

“Opción sincera en favor de la defensa de la vida, la defensa de la tierra y la defensa de las culturas” es la decisión del Papa Francisco y de la Iglesia Católica para con los pueblos originarios.

¿Quiénes son los pueblos originarios de América Latina?

Te presentamos algunos datos para recordar:

Los pueblos originarios en América Latina son 522, según datos de UNICEF. Ellos hablan 420lenguas, pertenecientes a 96 familias lingüísticas. Una de cada cuatro lenguas está en peligro de desaparecer.

Brasil es el país donde viven más pueblos originarios, 241. En Colombia, 83; México, 67 y Perú, 43. Juntos hacen una población total superior a los 16 millones de personas.

Una de cada diez personas en América Latina pertenece a un pueblo originario, es decir, aproximadamente 50 millones de personas. Sin embargo, en algunos países las proporciones son mayores, por ejemplo: en Bolivia, 2 de cada 3 bolivianos son indígenas y en Guatemala, 2 de cada 5.

Pobreza más aguda en territorios indígenas

La pobreza es un fenómeno que históricamente ha afectado más a los indígenas que a quienes no lo son. Si bien las estadísticas muestran que la pobreza, tanto moderada como extrema, y la desigualdad han tenido un descenso progresivo desde el año 2000, la brecha entre indígenas y no-indígenas aún es desfavorable para los primeros.

Olvido de los Estados e irrespeto de derechos

El olvido de los Estados hacia estas poblaciones, la explotación de la mano de obra indígena, el poco valor económico asignado a sus productos, así como la asignación de muy pocos recursos en materia de educación, salud, protección medioambiental son algunas de las razones que ayudan a explicar la pobreza de las comunidades originarias.

La degradación medioambiental provocada por las actividades mineras extractivas y la destrucción masiva de los bosques primarios que son el hábitat de los pueblos amazónicos es uno de los caballos de batalla de estas comunidades para garantizar sus derechos y mantener sus formas de vida ancestrales.

El despojo de sus tierras, la destrucción de la selva ya sea con la minería, la explotación petrolera y maderera, así como la violencia de grupos armados ilegales, acentúan la vulnerabilidad de estos pueblos.

Escuchar los pueblos. Defensa de la vida

El próximo Sínodo especial para la Amazonía, que se celebrará del 6 al 27 de octubre, supone una ocasión histórica para avanzar en esa alianza, abriendo nuevos caminos basado en la escucha a los pueblos. De hecho, los pueblos indígenas son los principales interlocutores del Sínodo.

Luis Ventura, miembro del CIMI (Consejo Indigenista Misionero) y colaborador de Cáritas en la REPAM, afirma: “el proceso de consulta en preparación al Sínodo de la Amazonía ha resultado en más de 260 encuentros de diálogo y reflexión, entre asambleas parroquiales y diocesanas, grupos de discusión, encuentros temáticos y otros. En esos encuentros se registró la participación de representantes de 172 pueblos indígenas de la Amazonía”.

Ventura insiste en que resultado de este proceso de escucha se pueden definir al menos dos necesidades importantes. La primera, que la Iglesia continúe junto a ellos, de forma cada vez más determinada y firme, en la lucha por la tierra y por la garantía de sus derechos. La segunda, Hay una llamada latente al diálogo, al reconocimiento mutuo y al profundo respeto por la riqueza y densidad de la espiritualidad vivida por cada pueblo. Los nuevos caminos de la Iglesia en la Amazonía deben superar todo resquicio de colonialismo”.

Luis Ventura recuerda las declaraciones de la comunidad indígena Monilla Amena de la Amazonía colombiana, “esta es la lucha por los territorios, es la lucha por la cultura y la unión de los pueblos indígenas. Nuestra continuidad es la continuidad del cuidado de la madre tierra que nos motiva ante tantos desafíos”.

Voz del Papa Francisco: cuidar la vida 

El Papa Francisco en una entrevista con medios de comunicación italianos y publicada el 9 de agosto recordaba que la Amazonía “contribuye de manera decisiva a la supervivencia del planeta", porque de allí "proviene gran parte del oxígeno que respiramos". Deforestar, por lo tanto, significa "matar a la humanidad", recuerda Francisco.

El Papa, también invitó a los responsables políticos a que no vean solo sus intereses económicos y políticos, y asuman su responsabilidad como en el caso de las "minas a cielo abierto" que envenenan el agua y causan muchas enfermedades.

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